Queridas Iguanas:
13 de agosto de 2026, desde el sur.
¿A quién pertenecen nuestros días?
Es un hecho que tanto vosotras como yo andamos dando unas vueltas internamente para responder a esta pregunta. Y estoy segura de que estamos en la misma línea de pensamiento. Más bien compartimos un espacio en el que las palabras significan aproximadamente lo mismo. Sí, estoy hablando de comunicación. En el caso de que ese espacio dejara de actualizarse, entraríamos en otro tipo de relación: paralela, distante, discordante, desincronizada, anodina en definitiva.
A nivel visual es claro, es como nuestros dibujos bidimensionales de la infancia. Una línea que separaba dos mundos, el marino y el terrestre. Y en cada mundo un universo distinto y muchas posibilidades, pero separados. Cuando dos personas dejan de estar en ese espacio singular de comunicación perpetúan esa distancia. Una quedaría en la tierra y otra en el mar. Y la vida seguiría, en movimiento. Me atrevo a decir que todos lo hemos sentido. Tal vez no conseguíamos ponerle nombre pero el sentimiento era claro. Alarma.
Justo en el otro extremo existe la posibilidad de una realidad compartida.
Cuando sentimientos, creencias, visiones, percepciones y preocupaciones se sienten de la misma forma. Es una experiencia subjetiva, desde luego, pero real: la de desentramar la realidad de forma similar. Se trata de una habilidad que se construye en las relaciones y que por supuesto va evolucionado, produciendo presente. Para profundizar recomiendo echar un vistazo a los estudios realizados en 2021 de Maya Rossignac-Milon, Niall Bolger, Katherine Zee, Erica Boothby y E. Tory Higgins aquí. Empleando métodos mixtos investigaron el papel específico de la realidad compartida generalizada en las interacciones interpersonales, tanto entre personas con vínculos estrechos como entre desconocidos. Una de las conclusiones más evidentes fue que la pérdida de la realidad compartida de algunas parejas (fuera real o no, era una condición que se manipulaba) no implicaba una ruptura. De hecho, en las parejas más unidas provocaba una actitud de reconstrucción, de restaurar esa comunicación que les permitiera nuevamente interpretar el mundo de forma similar.
Aunque nosotras somos 3 (Iguanas en plural siempre me imaginé a dos, ¿me equivoco?) y pensamos diferente en mil aspectos, sí que existe una sincronicidad, una anticipación, una identificación de puntos que confluyen. Incluso tenemos la capacidad de acertar en cuanto a lo que el otro lado siente respecto a determinados estímulos. Me parece una fantasía -sin poder evitar esta expresión tan común de nuestro momento tan contagiosa-.
Obra de Marcelo Amorín
Sigo leyendo a Annie Ernaux, La mujer helada. Si no me equivoco lo has leído todo. Me planteaba si todos los que nos acercamos a su escritura la entendemos de la misma manera. Veo muchas capas y mi percepción es que al separarse tanto de lo obvio, cada lector se queda con lo que más le resuena de forma individual. Y siendo así, me gusta pensar que llegamos a unos significados parecidos. A un solo mensaje.
Y esto me lanzó de lleno a Clarice Linspector, concretamente a su libro Aprendizaje o El libro de los placeres que empieza con una coma seguida de minúsculas. Me fascina. Ya no podremos empezar así un texto, esa fortaleza es de ella. Su medida, enorme.
, estando tan ocupada, había vuelto de hacer la compra…
Te propongo que lo leamos a la par, seguro que alguno de nuestros cómplices se anima, ¿es así? Reconozco que cuando lo empecé era un momento poco oportuno, pero apareció para trascender más adelante y reconocerlo ahora me gusta.
Quiero que estés perdiendo el tiempo como te proponías. Ahora que han pasado unas semanas me podrás contar si verdaderamente has podido dejar algunos minutos marchar libres. Yo me he decidido a hacerlo en unos días. A perderlo o a ganarlo, porque como decía Steve Allen, tragedia más tiempo es igual a comedia, así que ganar o perder en este caso es una cuestión de perspectiva.
Y como siento que a esta carta le falta la ligereza de agosto, te dejo aquí el tema que estoy escuchando de forma recurrente. Para que te rías, sé que lo entenderás.
¿Sabes si hay algo estanco que funcione? Por lo que te comentaba en un inicio de que el movimiento es lo que nos impulsa a seguir.
Resguardaos bien Iguanas. Aunque siempre se os echa de menos, el número que determina nuestro próximo encuentro aporta cierta calidez y amparo.
La pregunta inicial, ¿de quién son nuestros días? aparece de forma recurrente en La Grazia de Sorrentino. Surge de abajo a arriba, de Dorotea, hija de Mariano, a su padre, pero también de Mariano a alguno de sus confidentes, haciendo que esas 5 palabras se desparramen semántica y horizontalmente a lo largo de toda la película. Quiénes somos, cuánto elegimos, a quién dedicamos nuestro tiempo y nuestro ánimo, a quién nos debemos.
Iguanas, nos vemos en el Palacio de Cibeles el 25 de agosto a las 22:00hs para hablar del fenómeno de La Grazia. De Sorrentino al cielo.
La Locura.
Esta es la cuarta carta de un epistolario
entre Locura compartida y Vendrán las iguanas.
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Pensando en responderte…